Una apuesta convencida por la innovación

Marieta Vargas

Con más de sesenta años de trayectoria, Ibarmia es el ejemplo de una pequeña firma industrial vasca que no ha dejado de innovar para adaptarse al mercado. La colaboración con la corporación Tecnalia y la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) se ha consolidado en una relación estable derivando en proyectos de transferencia tecnológica.

La historia de Ibarmia está unida a la innovación, desde el punto de vista de adaptación a los cambios surgidos en la industria, la tecnología e incluso la sociedad y la empresa de las últimas seis décadas. Ibarmia es una pyme ubicada en la genuina localidad vasca de Azkoitia, que cuenta con poco más de un centenar de empleados y que factura 30 millones de euros al año. Pero detrás de estos datos, hay una historia de apuesta por el desarrollo continuo de un proyecto empresarial, que ha conseguido situar su marca como una de las más prestigiosas dentro del sector de máquina herramienta, y que, año tras año, acumula reconocimientos por su innovación tecnológica, pero también empresarial.

6 décadas y 3 generaciones

Los orígenes de Ibarmia se remontan a mediados de los años 40 del siglo pasado cuando la familia Ibarmia lanza una pequeña industria mecánica de fabricación de piezas para otros constructores de máquina-herramienta. La evolución de su actividad le lleva a iniciarse, en 1953, en la fabricación de taladros industriales, producto con el que alcanza un liderazgo a nivel mundial, consiguiendo niveles de exportación superiores al 60%.

En la década de los 70, bajo la denominación social de Construcciones Mecánicas de Precisión Ibarmia S.A., se acometen importantes inversiones productivas y se progresa en la evolución tecnológica de las máquinas mediante soluciones de automatización de procesos de taladrado y roscado. En el ámbito comercial se asienta la presencia en los mercados internacionales con ventas en los cinco continentes.

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En los 80 se incorpora el control numérico a máquinas de taladrar, y es en 1986, cuando la empresa toma un nuevo rumbo con la fabricación de un producto de mayor contenido tecnológico, como son los centros de mecanizado de mesa fija y columna móvil, línea en la que en la actualidad dispone de una amplia gama de soluciones. A partir de estos años, la división de centros de mecanizado logra un excelente posicionamiento en los mercados exteriores, exportando más del 80% de la producción, pasando de la venta exclusiva en el entorno europeo a la apertura a mercados más lejanos como los de los países emergentes y Norteamérica. Con el inicio del siglo, Ibarmia introduce los cabezales de giro automático a sus centros de mecanizado y lanza una gama de soluciones de taladrado para piezas circulares bridas y anillos basándose en su know-how en el mundo del taladrado y su experiencia en la construcción de máquinas CNC. A finales de 2005 reestructura su sociedad en diferentes unidades de negocio y en 2009 la división de fabricación de taladros se desliga del grupo. Esta reestructuración coincide con el inicio de la crisis, que comienza a afectar al sector al inicio de    la década actual. Ibarmia pasó de un récord histórico de ventas en agosto de 2008 a años muy complicados. Y en 2013 se plantea una reflexión estratégica con dos opciones que pasan por hacer un proyecto más grande o, por el contrario, reducir las capacidades hasta una empresa de tamaño más contenido.

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Y la apuesta resultante fue la del proyecto de crecimiento, con el que se ha conseguido duplicar la facturación en los últimos tres años, pasando de 16 a 30 millones de euros. En la actualidad Ibarmia concentra sus esfuerzos en alcanzar una alta competitividad con una oferta de alto valor añadido y en la innovación permanente de sus productos, de sus procesos y en la relación de las personas que integran el proyecto. Se apuesta por la multifuncionalidad de sus centros de mecanizado y el desarrollo de tornos verticales para piezas circulares de gran diámetro con elevada capacidad de arranque de material. Al mismo tiempo, se ha planteado un nuevo plan estratégico que continúa con el crecimiento como base fundamental, pero de una manera más estable y ordenada y con la tercera generación de la familia al frente.

Relaciones de confianza

Si Ibarmia ha conseguido convertirse en un referente en centros de mecanizado ha sido porque desde sus inicios ha llevado la innovación en su ADN empresarial. Por ello, aunque fue en 2007 cuando se estructura la Ingeniería de Nuevos Desarrollos de Ibarmia –que en otras organizaciones podría ser el departamento de I+D, para la directora de Innovación de la firma, Arrate Olaiz, “si echas la vista atrás, el que tuvo el valor de iniciar la actividad de centros de mecanizado es el que se lleva el premio de gran innovador” de la compañía. La Ingeniería de Nuevos Desarrollos se crea como una unidad independiente de producción en respuesta al interés permanente por mejorar e innovar sus procesos de diseño, su gama de productos y los servicios asociados a la máquina. Al mismo tiempo, esta unidad está muy ligada también al mercado porque, por las peculiaridades del negocio en Ibarmia se cruza la estrategia de I+D con la preventa. “Nuestra especialización es hacer producto personalizado, por lo que muchos desarrollos vienen por una presión de cliente”, añade Arrate Olaiz.

Al tratarse de clientes repetitivos a los que les une una relación que va más allá de lo comercial, los retos surgen de forma natural y con la idea recíproca de avanzar. “Trabajamos de manera muy cercana, nos relacionamos personalmente porque tratamos de fomentar la confianza, ya que éste es nuestro argumento de venta”.

Fruto de esta motivación del cliente, Ibarmia está planteando aumentar su In- geniería de Nuevos Desarrollos incorporando la ingeniería de electrónica. De hecho, su tradición mecánica hace que esta área esté más avanzada, pero las exigencias y las tendencias del mercado obligan a ampliar el enfoque hacia la componente electrónica y de software.

“La compañía ha comenzado un proceso de implantación de Lean Manufacturing, un modelo de gestión que se basa en la optimización de los sistemas de producción.”

Un sector industrial como el de máquina herramienta está muy pegado al cliente, al mercado, pero también a la competencia por lo que la vigilancia tecnológica cobra un papel determinante en la estrategia de innovación. Sin olvidar los plazos de fabricación, que hay que tener muy en cuenta a la hora de acompasar los ritmos. De hecho, el plazo de maduración más corto de un proyecto, desde el pedido hasta la entrega es de cinco meses, pero hay algunos que pueden sobrepasar el año. “Por este motivo, los proyectos de I+D siempre se piensan a dos o tres años vista”, añade Olaiz, que también reconoce que “luego es el mercado quien se encarga de hacerte girar a izquierda o derecha”. Sea como fuere, la filosofía está tan asumida, que la compañía dedica entre el 4 y 5% de su facturación a la innovación y el desarrollo.

Gestión y producto

La innovación del producto implica también una adaptación en la gestión. De hecho, según reconoce la Innovation manager de Ibarmia “ahora mismo estamos en un proceso de innovación no tecnológica”. El crecimiento de los últimos años lo explica ya que también la estructura se tiene que acomodar al desarrollo tecnológico. Y así, la compañía guipuzcoana ha comenzado un proceso de implantación de Lean Manufacturing, un modelo de gestión que se basa en la optimización de los sistemas de producción. A pesar de no estar demasiado desarrollado en el sector de máquina herramienta, desde Ibarmia se ve como un sistema que puede traer grandes beneficios para la organización.

“Necesitamos ordenar mucho la actividad, trabajamos con varios proyectos a la vez y cada uno conlleva tareas diferentes que, en ocasiones, generan un entorno de trabajo complicado”, explica Arrate Olaiz. Ibarmia ha pasado de fabricar una veintena de máquinas al año a triplicar la producción “y ya no valen los mismos sistemas de gestión”. “Con la innovación tecnológica ya hemos cogido una inercia, pero vemos más necesidad de innovación en la parte no tecnológica”, reconoce la directiva.

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El objetivo del Lean Manufacturing es generar una nueva cultura en la empresa basándose en la comunicación interna y en el trabajo en equipo para facilitar unas nuevas formas de hacer las cosas de manera más ágil, flexible y económica, por lo que la implicación de toda la plantilla es ineludible. Por ello, en Ibarmia están participando en el diseño del modelo desde el montador hasta el director general, “porque tiene que ser muy participativo y satisfacer a todo el mundo”.

Este nuevo modelo de gestión ha comenzado a finales de 2016 y tras una pri- mera fase de diagnóstico, debe determinarse un plan de acción que culminará hacia 2020. Según la directora de Innovación el objetivo es “pasar de una clásica gestión por departamentos a trabajar por proyectos, de una manera más transversal, tendiendo a todo el proceso pedido-entrega”. Esta implementación también promueve la generación de un clima de confianza y transparencia en la empresa, incidiendo en la mejora de la comunicación interna y en nuevos modelos de relación.

Aunque la complejidad de la transformación es obvia, Ibarmia cuenta con algunas claves que invitan al optimismo para el éxito en su implantación. Por un lado, el compromiso de la dirección y la propiedad, siendo una empresa industrial familiar, y por otro, la juventud de la plantilla, con una media de edad que no supera los 40 años.

Cooperación a tres

Si en la innovación de la gestión interna de Ibarmia se precisa responsabilidad y voluntad por parte de las personas, estas actitudes también se requieren para innovar en un camino compartido por otros agentes. “En Euskadi se asumen retos y las intenciones son buenas, pero a veces faltan los medios”, admite la Innovation manager de la compañía. “La componente de cooperación la tenemos muy clara, pero no es fácil porque supone dedicarle recursos. Es algo más que tener una relación fluida y llevarse bien, porque tener un mismo objetivo no significa que el proyecto salga solo”, insiste Arrate Olaiz.

La premisa de cooperar para innovar requiere de mucho entrenamiento, paciencia y pasión por llevarlo a cabo. “Hemos aprendido a lo largo de este camino porque colaborar con centros tecnológicos o la universidad no es sencillo y asumo que en las empresas hay bastante cuota de responsabilidad en esa dificultad de relación, porque muchas veces no sabemos lo que queremos”. Por ello, de este aprendizaje, Ibarmia ha extraído varias enseñanzas, que se traducen en una colaboración sólida con Tecnalia y la UPV/EHU. “Hemos afianzado un modelo estable de relación hasta conseguir formar un equipo mixto con el que nos sentimos muy a gusto porque trabajamos en un clima de confianza. Pero esto nos ha costado unos años”.

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La triple hélice formada por Ibarmia, la corporación tecnológica Tecnalia y la Universidad del País Vasco está dando resultados en cuanto a que trabajan en proyectos con una periodicidad establecida y en la que se implican muchas personas de las tres organizaciones. De esta manera, los investigadores de Tecnalia y la UPV/EHU son considerados como parte del equipo de Ibarmia, e incluso participan de su estrategia de I+D. “Es una relación construida durante mucho tiempo, que funciona y no solo no nos acompañan en este proceso, sino que también lo enriquecen”.

La confianza depositada en la firma de Azkoitia ha sido una palanca en esta relación. “Tanto la UPV/EHU como Tecnalia adquirieron una máquina nuestra y eso refuerza lazos. Es más fácil investigar con alguien que ya ha apostado por ti”. Y es en este punto donde el concepto transferencia tecnológica se hace realidad, porque si los equipos investigadores participan en la estrategia del fabricante, éste también tiene algo que decir en la definición de las líneas de investigación. Esta comunicación sirve para que se valoren cuáles son las líneas más transferibles a la industria en un futuro, por lo que se asegura esa adecuación tecnológica. De hecho, el retorno ya se está dejando notar, como el proyecto presentado a finales de 2015: la máquina ADD+PROCESS fabricada por Ibarmia y desarrollada en colaboración con la UPV/EHU y Tecnalia.

Este nuevo concepto de Centro de Mecanizado Multiproceso está llamado a revolucionar la industria abriendo un amplio abanico de posibilidades para el mundo del diseño y la fabricación aún por explorar. Se trata de una tecnología de enorme potencial y con un gran recorrido puesto que la máquina se con- vierte en un centro autónomo de producción en el que se podría incluso obtener desde cero una pieza completa. Para hacerlo posible, la máquina incorpora tecnología de adición por láser (ADD) y permite también el fresado y torneado (PROCESS) de piezas a gran escala. Tras haber construido el prototipo y haber analizado con potenciales clientes sus posibles aplicaciones, Ibarmia está ultimando su fase de industrialización. A finales de 2017 estará disponible la primera implantación industrial.

Reconocimientos

Al mismo tiempo que surgen nuevos desarrollos, en Ibarmia también están muy
atentos al nuevo paradigma que conlleva la Industria 4.0. Tras una reflexión interna, la estrategia del fabricante de máquina herramienta pasa por digitalizar procesos aunque desde 2006 trabaja en un programa de captación de datos, y por aportar valor generando servicios que puedan ser ofertados al cliente.

Mientras se definen las nuevas oportunidades que puede acarrear la llamada Fábrica Inteligente, Ibarmia continúa con su filosofía que es reconocida en muy diferentes foros. En la última edición de la Bienal de Máquina Herramienta, la firma vasca obtuvo el Premio Nacional de Innovación por su modelo THR16 Multiprocess. Y un año antes, la Fundación Empresa Vasca y Sociedad premió a Ibarmia en la categoría de Innovación Empresarial por su aplicación y desarrollo continuo de herramientas de gestión. “Indudablemente hacen ilusión, crean equipo y dan una imagen más atractiva de la empresa lo que genera un impacto positivo en el exterior, pero también a nivel local. Así nace el orgullo de empresa”.

 

 

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