“En investigación, lo que no encaja en tus prejuicios es lo que te revela algo nuevo”

Miguel Beato, ex director del Centro de Regulación Genómica de Barcelona y actual líder del Grupo de Cromatina y Expresión Génica del mismo centro habla de su extraordinaria trayectoria científica y de los retos de futuro con Félix M. Goñi, catedrático de la UPV/EHU y presidente de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular.

Miguel Beato, Nacido en Salamanca en 1939, estudia Medicina en Valladolid y Barcelona, donde se licencia en 1962. Inicia su tesis doctoral en el Hospital Clínico de la Universidad de Madrid con Francisco Nogales. En 1965 comienza una segunda tesis doctoral en la Universidad de Göttingen (Alemania). Concluye ambas tesis en 1967 cuando continúa su formación en la Universidad de Marburg, lugar en el que en 1970 obtiene la “habilitación” en Bioquímica. Estuvo, posteriormente, 3 años como investigador asociado en la Universidad Columbia de Nueva York, donde se forma en biología molecular. En 1973 vuelve a la universidad alemana de Marburg como Profesor Asistente y forma su propio grupo de investigación. En 1984 es nombrado Catedrático de Biología Molecular y funda el Instituto de Biología Molecular e Investigación Tumoral (IMT) que dirige durante 5 años. En el 2001 inicia en Barcelona la fundación del Centro de Regulación Genómica (CRG) que dirige hasta 2011 y donde continúa trabajando como jefe de grupo. A lo largo de su carrera ha realizado 264 publicaciones originales.

Para empezar Miguel, ¿puedes hacernos un pequeño resumen de tu vida académica desde que comenzaste tu andadura en la Universidad de Valladolid?

Yo empecé a estudiar medicina porque había muchos médicos en la familia. Vivía en Burgos y de allí me fui a la universidad de Valladolid. Los profesores no eran excesivamente brillantes, pero había uno en anatomía, Don Pedro Bosque, que era buenísimo. Ahí empecé a tener curiosidad por ir un poco más allá de lo que había que estudiar. Sin embargo, aquello se me quedaba un poco estrecho, era un poco deprimente, y después de un verano en el que viajé bastante por Europa, al volver pasé por Barcelona y me gustó mucho, así que decidí mudarme allí. Estuve 3 años en el Clínico haciendo la medicina clínica y fue una experiencia fantástica. Me encantó la ciudad, con mucha actividad y muy abierta. En el Hospital Clínico además estaban los mejores profesores para estudiar medicina en España. Me metí muy a fondo en la parte de ginecología, que era la que yo encontraba más interesante, la fisiología de las hormonas, etc. Estuve allí con el profesor Usandizaga y disfruté mucho. Al final de la carrera el Ayuntamiento de Barcelona me dio un premio de 15.000 pesetas, que me alegró mucho. Aun así, me inclinaba por cambiar un poco de escenario y después de una pausa haciendo clínica con mi padre en Burgos me fui a hacer un doctorado a Madrid. Allí no encajé tan bien como en Barcelona. Estuve sólo un año, haciendo anatomía patológica en los sótanos del Hospital de San Carlos y me bastó para decidir que debía irme de España si quería hacer investigación. Encontré unas becas en Alemania y me fui a Göttingen, una ciudad pequeñita pero llena de premios Nobel y de buenos físicos. Cuando terminé mi doctorado alemán sobre cáncer de útero empecé a meterme en una versión más científica de la histología, la citometría, midiendo componentes de las células. Fui al departamento de patología en Giessen donde tenían un citofotómetro ultravioleta que permitía mediar DNA y RNA en células individuales, esta investigación ya empezó a ser mucho más excitante para mí. Mientras estaba allí con una beca Humboldt, asistí a un seminario de Constantin Sekeris, la mano derecha de Peter Karlson, el discípulo de Adolf Butenandt que descubrió la ecdisona y su estructura. En ese seminario escuché por primera vez que la hormona ecdisona en Drosophila abría la cromatina y regulaba la transcripción, un hallazgo de Karlson publicado en 1960. Esto me interesó mucho y estuve tres años trabajando con Sekeris en Marburg sobre esta cuestión, hasta que en 1970 conseguí la “habilitación” en Bioquímica.
Por aquella época estaba surgiendo la biología molecular en Estados Unidos y no había llegado todavía a Alemania. Pensé que tenía que moverme a ese terreno para entender cómo funcionaban las hormonas. Así que empecé a buscar un laboratorio en USA. Fui primero a Rockefeller a trabajar con un investigador japonés, Koide, sobre el mecanismo de acción de los glucorticoides, pero no me convenció la atmósfera de su laboratorio. A los pocos días de llegar a New York, Phil Feigelson me invitó a dar un seminario a Columbia University y me hizo una oferta que no pude resistir. Me mudé a su laboratorio de la Medical School, donde encontré a Günther Schutz, un conocido de Alemania que estaba haciendo su tesis y comenzamos a trabajar juntos. Esa fase, de alrededor de 3 años, fue genial: muchos trabajos importantes y resultados interesantes, hasta tal punto que empecé a buscar un lugar para quedarme definitivamente en USA. Estuve haciendo entrevistas en sitios como Michigan o Ohio y vi la cara menos cosmopolita de Estados Unidos. A mí lo que me gustaba era vivir en Manhattan, que era un lugar abierto y fantástico, pero dónde me fue difícil encontrar un sitio donde seguir adelante. En este momento vino Karlson a dar un seminario a Columbia y me hizo una oferta de volver a Marburg a montar mi propio grupo.
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En Alemania, en 1973, monté mi grupo y fue una de mis épocas más productivas. Siempre trabajando sobre receptores hormonales descubrimos que se fijan a sitios específicos en el DNA, y así identificamos una de las primeras secuencias de nucleótidos reconocidas por factores de transición. Mi grupo generó resultados que tuvieron bastante impacto y esto hizo que recibiera ofertas de otras universidades alemanas. Negociando condiciones para que- darme en Mabrurg, conseguí crear el IMT, un instituto de biología molecular e investigación en tumores, más parecido a un departamento americano que a la clásica estructura piramidal alemana. Todo fue muy bien y mi grupo con- tinuó siendo muy productivo, hasta que llegó la unificación alemana. Entonces hubo una tremenda crisis de financiación, debido a las necesidades de la Alemania del Este y la situación se puso muy complicada. No había perspectivas de desarrollar nada nuevo. Además, por aquel entonces, principios de los 90, yo me estaba acercando peligrosamente a la edad de jubilación alemana. Así que empecé a buscar en España un sitio para volver. En el 92 lo intenté en Sevilla, pero, aunque logré aglutinar a Manuel Perucho y José Campos Ortega junto a dos colegas sevillanos, Enrique Cerdá y José López Barneo, no tuvimos éxito. En el 98 vine a la UPF (Universidad Pompeu Fabra) en Barcelona invitado por Jordi Camí que se interesó mucho por el currículo de la biología humana que habíamos implantado en Marburg. Se trataba de formar biólogos dentro de la Facultad de Medicina, que tuvieran conocimientos farmacología, patología, etc… para poder hablar con los médicos. Sin embargo, cuando se anunció que se quería hacer una facultad de medicina con estas características hubo una rebelión del resto de facultades de medicina de Cataluña, oponiéndose a ello. Este proyecto fracasado fue el germen del CRG (Centro de Regulación Genómica), que se creó a principios de 2001, como fundación privada bajo la tutela del Conseller Andreu Mas Colell. El primer núcleo del CRG fue mi propio laboratorio que se instaló en los sótanos de la UPF, con un presupuesto escaso pero con un concepto muy claro de lo que queríamos llegar a ser. Aun así, no fue nada fácil adaptar la filosofía del centro (científicos que vienen con un contrato de cinco años son evaluados y, si son buenos pueden quedarse 4 años más y luego tienen que irse) a la mentalidad española. No sé cómo lo conseguimos, pero lo hicimos. Desde los sótanos de la UPF fuimos a una planta desocupada del edificio de Ciencias del Mar del CSIC y empezamos a crecer y en 4 años llegamos a los 12 grupos. Fue una historia de éxito casi inexplicable, dado el reducido presupuesto. Está claro que cuando hay un buen modelo, el modelo EMBL (European Molecular Biology Laboratory), y una protección política contra interferencias precisamente políticas, el éxito está asegurado. Desde 2006 estamos en el nuevo edificio del PRBB (Parque de Investigación Biomédica de Barcelona), hemos crecido hasta tener casi 30 grupos. Yo fui director durante 10 años y en el 2011 Luis Serrano, que era vicedirector tomó la dirección. Luis ha sabido manejar muy bien la crisis económica. Hemos so- brevivido sin grandes estragos y ahora seguimos creciendo y reclutando muy buenos científicos. El CRG tiene desde 2006 un convenio de partenariado con el Instituto EMBL, que financia el gobierno español. El mes que viene se inaugura la outstation de EMBL aquí en el PRBB, donde los 20 países miembros van a invertir 6/7 millones de euros al año para implantar un programa de biología tisular que constará de 7/8 grupos de investigación y un gran servicio de microscopía. Junto con el Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud de la UPF, el Instituto Hospital del Mar y el Instituto de Salud Global, y el Instituto de Biología Evolutiva, hay unas 1500 personas en casi 80 grupos trabajando en investigación biomédica en el PRBB.

Lo de la outstation es un magnífico avance gracias al trabajo del CRG y sus centros hermanos bajo tu tutela. Un ejemplo único en España que va a suceder en este mismo edificio. Cuéntanos como va a ser el proyecto.

Así es, aunque la outstation no es parte del CRG, es una entidad independiente. Tiene su administración independiente, es territorio internacional, no pagarán impuestos, etc. Lo que si traerá es a 7 ó 8 grupos de investigadores que estarán muy integrados en el CRG utilizando todos sus servicios. Va a ser muy importante, aportará nuevo know-how en sistemas más complejos, tejidos, y órganos de gran importancia para la biomedicina del futuro. Mi idea inicial era que todo el CRG fuera una outstation, para dejar de   sufrir los vaivenes políticos y la falta de planificación  a  medio  plazo.  El EMBL tiene un plan estructural y económico a 8 ó 10 años y te da más seguridad porque la ciencia ambiciosa no funciona de un año para otro.    No lo hemos conseguido, pero, aun así, es muy importante este paso por- que es la primera outstation que crea el EMBL en 20 años. Si la economía vuelve a flotar, quizá podamos conseguir que todo el CRG sea territorio EMBL, parte de una red de institutos EMBL distribuidos por Europa, todos con la misma filosofía, controlados por el mismo council, pero con cierta independencia.

La verdad es que el CRG ha sido una historia de éxito increíble que no tiene paralelo en España. Te voy a plantear un reto complicado. Explica a los lectores de CICNetwork, que no son en su mayoría biólogos, cuáles son tus principales proyectos de investigación ahora.

Lo que a mí me interesa es cómo se regula la expresión génica en las células humanas. Todas nuestras células tienen el mismo genoma, tienen la misma secuencia de DNA, y, sin embargo, hacen cosas muy distintas y se coordinaban de modo sorprendentemente robusto y eficaz. Yo elegí ya muy temprano las hormonas esteroideas, sobre todo las hormonas sexuales femeninas, porque son las que generan cambios más significativos e importantes en los órganos que controlan. Por ejemplo, la mama se desarrolla tras la menar- quia, vuelve a crecer en el embarazo, genera leche tras el parto e involuciona parcialmente al concluir la lactancia. O el útero, en el que con cada ciclo menstrual se crea un endometrio nuevo que se elimina con la regla y durante el embarazo crece y cambia de estructura para albergar y alimentar al embrión. La plasticidad de estos tejidos es algo fascinante y es controlada por unas hormonas muy similares con aparentemente poca información química pero que, sin embargo, definen el destino de órganos enteros. Lo que a mí me apasionaba de la ginecología no eran las enfermedades sino la fisiología, lo que hace posible la gestación. Eso sigue fascinándome.

Miguel Beato en su despacho.

Miguel Beato en su despacho.

Me interesaba mucho que estas hormonas pueden regular la expresión génica, que fue lo que descubrió Peter Karlson en 1960. Empecé a trabajar en eso de un modo rudimentario hasta que descubrimos que había receptores hormonales, proteínas capaces de fijar la hormona con mucha afinidad, selectivamente, que además iban al núcleo celular y de algún modo afectaban a la transcripción génica. En esto estoy trabajando desde hace 50 años, prácticamente desde que empecé. Y lo que he ido haciendo es incorporar todos los avances técnicos que ha habido a nivel de la exploración de la expresión génica para estudiar el mecanismo de acción de las hormonas esteroides. Ahora, nuestra investigación está centrada en estrógenos y progesterona y en el cáncer de mama, porque esas células se manejan muy bien en cultivo y son hormono-dependientes. Es decir, crecen a través de mecanismos que controlan las hormonas. Si entendiéramos como ocurre esto, podríamos interferir incluso cuando los tumores se hacen resistentes a la terapia hormonal. Este ha sido un argumento para obtener recursos económicos y una justificación también para mí mismo de que lo que hacemos puede tener una cierta aplicación práctica. A mí, como médico, siempre me ha interesado eso.
Lo sorprendente es que lo que estamos investigando no ha parado de evolucionar y se ha colocado a menudo en el frente de avance de la biología molecular. Primero descubrimos las secuencias del DNA reconocidas por los receptores de las hormonas, y vimos que hacía falta que la hormona se uniera al receptor para que este fuera al núcleo y reconociera estas secuencias. Luego al final de los 80 nos dimos cuenta de que para que el receptor se fijara a estas secuencias era necesario que estuvieran enrolladas en nucleosomas. Los nucleosomas son una unidad básica de la cromatina que consiste en unas bolitas o cilindros de unas proteínas muy básicas, las histonas, alrededor de los que se enrolla el DNA. Todo el DNA en los núcleos de nuestras células está en forma de nucleosomas y eso facilita el empaquetamiento de 2 metros de DNA en un núcleo de 10×10-6 m de diámetro.

“El CRG inaugura ahora la primera outstation del Instituto EMBL en los últimos 20 años”

Las histonas neutralizan las cargas negativas de los fosfatos del DNA y esto permite que se enrollen en un volumen muy reducido como es el núcleo celular. Pero al compactar el DNA enrollándolo en nucleosomas se crea el problema de cómo los receptores reconocen las secuencias a la que debe unirse. Lo que está claro es que la doble hélice del DNA que contiene las secuencias reguladoras tiene información estructural para enrollarse de un modo preciso, de modo que queden expuestas en la superficie de los nucleosomas. Esto lo descubrimos en los años 90 y vimos realmente que las secuencias son reconocidas más fácilmente por el receptor en nucleosomas que en DNA libre, ya que al curvarse se abre el surco mayor de la hélice y facilita el reconocimiento. Lo que hemos hecho aquí en el CRG es demostrar que eso ocurre a nivel global de genoma con métodos de secuenciación masiva y análisis genómico. Hemos descubierto que en los núcleos de células de cáncer de mama hay unos 25.000 sitios de fijación del receptor y que todos los relevantes están enrollados en nucleosomas para facilitar la fijación de los receptores hormonales. Es importante que el receptor se fije, pero ¿cómo consigue que los genes cambien la velocidad con la que hacen copias de RNA? A esto es a lo que hemos dedicado más tiempo últimamente. Descubrimos que además del receptor, que está en el núcleo interaccionando con estas secuencias de DNA en la cromatina, hay una proporción muy pequeña de receptores hormonales que están anclados en la membrana celular, y que, al fijar la hormona, activan unos enzimas llamados kinasas que fosforilan proteínas, entre ellas el mismo receptor hormonal en el núcleo celular, y la fosforilación lleva a un cambio en la actividad de esas proteínas.

Podríamos decir que es como una especie de transducción de la señal que llega a la membrana de la célula desde el exterior

Exacto, las hormonas entran a la célula, pero pegado a la cara interior de la membrana está el receptor que es activado por la hormona, el complejo hormona-receptor activa las kinasas, y esas kinasas fosforilan el receptor que está en el núcleo y posibilitan su acción. De hecho, algunas de estas kinasas acompañan al receptor a los sitios de acción en cromatina y fosforilan las colas básicas de las histonas llevando a que se abra la cromatina. Esto permite que otros factores, que también son atraídos por el receptor, inicien la transcripción. En detalle es complicadísimo, hay un montón de enzimas implicados y esto ha sido nuestra contribución más importante aquí en el CRG, elucidar todos esos mecanismos de remodelado de la cromatina que hacen posible la transcripción de los genes. Esto ocurre a una cierta distancia del gen, en regiones reguladoras del DNA, llamadas enhancers, que a su vez interaccionan con el promotor de los genes regulados a través de una lazada de ADN que puede ser de hasta 100 kilobases (100 000 pares de bases de la doble hélice).

El DNA contiene una información reguladora pero no la contiene de forma lineal, no todo el DNA contiene información o al menos no entendemos cómo es eso….

Eso es el tipo de seminarios que yo doy más en cafés literarios…

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Ah muy bien, esto es casi como un café literario escrito, así que adelante con la explicación.

Tenemos una visión muy genocéntrica de nuestro genoma. El genoma no son sólo genes, tiene muchas más cosas y mucha más información. La información de los genes determina la secuencia de los aminoácidos que forman las correspondientes proteínas y está codificada en forma de tripletes de bases que son transcritos a RNA y usados para sintetizar proteínas en los ribo- somas con la ayuda del tRNA y un sin fin de enzimas. Pero la parte que codifica las proteínas es menos del 2% de nuestro genoma. El 98% del genoma no codifica para las proteínas, sino que tiene otro tipo de información. Mucha de esta información necesita ser transcrita a RNA, pero no necesariamente a proteínas. De hecho, hay RNAs que cumplen otras funciones, algunas co- nocidas hace tiempo (RNA ribosómicos, componentes de la maquinaria de splicing, etc.) y otras numerosas funciones que todavía estamos estudiando. Pero, además, todavía hay una tercera información que determina no sólo cómo se enrolla el DNA en nucleosomas, sino también cómo la fibra de nucleosomas se pliega formando lazadas, dominios y cromosomas (Figura 1). El modo cómo la doble hélice de DNA se enrolla en nucleosomas lo determinan las propiedades conformacionales de la secuencia de nucleótidos, que favorecen la curvatura del DNA en una dirección o en otra. Es una propiedad química del DNA que se manifiesta especialmente cuando la interacción con las histonas neutraliza las cargas negativas del DNA. Estas propiedades hicieron posible la cristalización de un nucleosoma y el análisis de su estructura atómica mediante difracción de rayos X que ocupo la portada de la revista Nature (Luger et al., Nature 389, 251-60, 1997).

Figura 1. Niveles de organización del DNA en cromatina

Figura 1. Niveles de organización del DNA en cromatina

El gran reto que afronta ahora la genómica estructural es averiguar cómo se codifica la información estructural del genoma que determina el plegamiento de los 2 metros de DNA dentro de los núcleos de nuestras células. Lo que vemos es que se pliega de modo distinto en cada tipo celular y que el modo como se pliega correlaciona con qué genes se van a expresar y cuales no se van a expresar en cada tipo de célula. Probablemente, incluso dentro de cada tipo de célula hay una gran variedad en el modo como se pliegan porque, en cierto modo, es como el origami, tienes una misma cuartilla de papel, pero plegándola de modo distinto y sale una mariposa, un pájaro, una rana, un dragón, etc. Lo que las células “ven” del genoma depende de cómo esté plegado y las preguntas son ¿hasta qué punto el plegamiento tiene información, en el sentido de que determina lo que va a pasar en la célula? y ¿hasta qué punto es sólo una consecuencia del tipo de factores de transcripción que tiene cada célula? Cuando el embrión se genera a partir de una célula y empieza a dividirse va distribuyendo distintos tipos de factores de transcripción a distintos tipos de células, que luego darán lugar a distintos tejidos y órganos. La piel, los músculos, el cerebro, tienen un conjunto de factores de transcripción distinto que van a activar diferentes conjuntos de genes. Las que van a hacer el hígado tienen otros, las que van a hacer el cristalino del ojo tienen otros, etc. La idea generalizada cuando empezamos este proyecto era que los factores de transcripción que tiene cada célula determinan lo que hace cada célula, porque son los que activan ciertos subconjuntos de genes. Pero, cuando empezamos a hacer el trabajo la idea que queríamos poner a prueba era si los factores de transcripción que son esenciales sólo funcionan correctamente sobre un genoma que se va estructurando en 3D a lo largo de la diferenciación celular. Tenemos un papel ya enviado a publicar que demuestra que los dos componentes son claves: los factores de transcripción van contribuyendo a la estructura tridimensional del genoma y los cambios que generan son esenciales para que otros factores de transcripción puedan actuar en los pasos siguientes de la diferenciación celular.

“Los cánceres del sistema reproductivo crecen a través de mecanismos que controlan las hormonas. Si entendemos cómo ocurre esto, podríamosinterferir incluso con los tumores más resistentes”

Esto es, sin duda, una gran novedad

Es la primera vez que se muestra realmente en un sistema dinámico. Cuando una célula linfoide cambia de destino y se convierte en un macrófago o en una neurona tiene que cambiar la estructura tridimensional de su genoma en el curso de 2 o 3 días. En el trabajo que estamos intentando publicar, seguimos todo este tiempo con cuidado y encontramos los resultados que he mencionado. Otra pregunta que estamos explorando en mi grupo es si esto también es necesario en cambios transitorios en la expresión del genoma como en la respuesta a hormonas. Si se exponen células del cáncer de mama a estrógenos o progesterona cambia la expresión de miles de genes, pero al cabo de uno o dos días vuelve a la situación original. La pregunta es si también en este caso la estructura tridimensional del genoma tiene información. Esta pregunta es mucho más difícil de contestar porque la respuesta a hormona ocurre en pocas horas y los cambios de estructura son más sutiles. Por tanto, hay que hacer un análisis mucho más complejo que aún no hemos concluido. Pero, en el curso estas investigaciones encontramos algo que nos tiene muy ocupados. Sabíamos que para abrir la cromatina en respuesta a hormona la célula necesita una cantidad enorme de energía en el núcleo durante un periodo breve de tiempo. Observamos que inmediatamente tras la exposición a hormona se acumula en el núcleo celular un ácido nucleico denominado poli-ADP-ribosa o PAR, que modifica (parila) proteínas nucleares y puede llegar a tener 200 unidades de ADP-ribosa. Se sabía que PAR es necesario para la apertura de la cromatina en respuesta a ecdisoma en Drosophila. PAR es sintetizado por una polimerasa que se llama PARP1, uno de los enzimas más curiosos que tiene el organismo porque es una proteína estructural y abundante que se activa en respuesta a hormona.

 Felix M. Goñi y Miguel Beato en el laboratorio.


Felix M. Goñi y Miguel Beato en el laboratorio.

Al activarse PARP1 se autoparila y cambia su función, modificando también las histonas y contribuyendo a abrir la cromatina. Lo curioso es que PARP1 se activa solo por un tiempo limitado que dura 30-50 minutos tras añadir la hormona y luego se degrada a unidades de ADP-ribosa. La sorpresa fue comprobar que no sólo la síntesis de PAR es importante para la apertura de la cromatina, sino también su degradación a ADP-ribosa. Si se bloquea la síntesis de PAR o su degradación a ADP-ribosa se inhibe la regulación génica por hormonas. Y entonces pensamos, ¿no podría ser el ADP-ribosa una fuente de ATP en el núcleo? Explorando es pregunta encontramos que se genera ATP en el núcleo en respuesta a hormona y que hay un enzima llamado NUDIX5 que utiliza la ADP-ribosa y pirofosfato para hacer ATP. Si se inactiva este enzima no se hace ATP en el núcleo, no se remodela la cromatina y no se regulan los genes en respuesta hormona. Creo que este es el descubrimiento más importante que hecho en mi vida y lo publicamos en la revista Science hace un año (Wright et al., Science 352, 1221-5, 2016) después de sufrir mucho con los revisores. Ahora, estamos tratando de esclarecer otras funciones de la generación de ATP nuclear, porque está claro que se seleccionó solo para responder a las hormonas. Tenemos ya indicios de que es necesario para reparación del daño en el DNA, y muy probablemente para la diferenciación celular y el desarrollo embrionario. Y quién sabe para qué más. Se trata de una novedad que como a menudo ha surgido de un hallazgo inesperado. Yo creo que esos son los momentos más interesantes para un investigador, cuando se encuentra con algo que no encaja con sus prejuicios y tiene el potencial de revelar algo nuevo.

La verdad es que me parece maravilloso el resumen de tu extraordinaria actividad científica, pero a lo largo de la conversación están saliendo también conceptos más filosóficos, como el de la dificultad de propagar ideas nuevas por ejemplo. Visto desde fuera, la ciencia sería el lugar donde las ideas nuevas tienen su acogida más fácil. ¿Es esto siempre así?

Al final la tienen, pero a veces cuesta mucho tiempo convencerse uno mismo y convencer a los colegas de que hay que olvidar ciertos dogmas sobre los que basamos nuestra actividad diaria. Pero así es como avanza el conocimiento científico, reemplazando paradigmas por nuevos conceptos, que luego se convertirán en paradigmas para ser a su vez reemplazados en el futuro.

Para ir terminando esta conversión y aunque sea un tema poco técnico me gustaría hacerte una última pregunta. Tú has desarrollado una buena parte de tu vida profesional en Alemania y, por lo tanto, conoces bien ese país. ¿Cuál es la diferencia entre España y Alemania a la hora de afrontar las políticas científicas frente a la época de crisis económica que hemos vivido?

Yo estuve en la universidad en Alemania y, para serte sincero, la universidad alemana en aquella época no era muy buena. En los años 70 hubo una especie de revolución social y todo el que estaba en la universidad, por el mero hecho de estar un cierto tiempo, se convertía en profesor y más o menos todos con el mismo y modesto apoyo. Había una especie de idealismo comunitario que igualaba a todos a un nivel bastante mediocre. Hasta el punto que en Alemania no había overheads, si tú pedías fondos para un proyecto y te daban 1 millón de marcos, la universidad no ganaba nada. Por consiguiente, no les gustaba que tuvieras muchos proyectos y que consiguieras muchos fondos ya que les dabas trabajo y no le reportaba beneficios. Lo único que querían las universidades, en aquel entonces, eran unos proyectos coordinados que proporcionaban fondos para 10-12 grupos por un tiempo de 10-12 años y con apoyo económico a la administración. Este era un modelo que yo intenté propagar aquí, pero sin mucho éxito.

“El modo cómo se pliega el DNA determina qué genes se van a expresar y cuáles no en cada tipo de célula”

Pero en Alemania, además de las universidades, había centros de élite de la investigación como los Institutos Max Planck, el Centro del Cancer de Heidelberg y algunos otros de alto nivel. Estos centros tenían más recursos y eran más selectivos, pero sus investigadores eran todos funcionarios públicos y los Institutos Max Planck no estaban asociados a la universidad. Los estudiantes podían hacer sus tesis en algunos de ellos, pero los estudiantes que no habían terminado la carrera no podían acceder.
Casi al final de mi estancia en el país, lanzaron un proyecto de universidades de élite dónde a algunas pocas universidades recibieron un fuerte apoyo económico, intentando emular el sistema inglés. Esto empezó a cambiar ya al final de los años 80. Aun así, lo cierto es que Alemania tenía clarísimo que la investigación es esencial para su economía y cuando llegó la crisis aumentaron la inversión en investigación y la hicieron más competitiva. Yo creo que ahora Alemania está mucho mejor que cuando yo estaba allí porque, entre otras cosas, tienen más gente de fuera y un sistema mucho más parecido al inglés.

Por lo tanto, ¿se podría decir que la ciencia en Alemania está mejor ahora que hace 10 años?

Está mejor seguro. Yo debo decir una cosa, Alemania antes de la guerra era el mejor sitio del mundo para investigar, pero el nazismo acabó con la inteligencia. La Alemania a la que llegué yo en 1959 estaba todavía demasiado cerca de esa época. Entonces no había nadie que pensara originalmente y aún se sufre una cierta falta de inquietud intelectual.

Observando los resultados de la prueba.

Observando los resultados de la prueba.

¿Y si comparamos la situación alemana con la española?

Lo que yo decía es que la universidad alemana que yo viví al principio, los años 70 y 80 del pasado siglo, no era tan distinta de la española, también bastante improductiva, aunque no tanto como aquí porque había más tradición científica y más recursos. Lo que sí es mucho mejor son los Institutos Max Planck, mucho mejores que el CSIC y con muchos más recursos, es una ciencia mucho más rica. Los centros de investigación fuera de la universidad, a pesar de ser bastante rígidos y burocratizados, tienen gran libertad de acción y son muy elitistas. Tienen una tradición que nosotros aquí no nos podemos inventar. Llevan haciendo buena ciencia mucho tiempo.

La tradición científica tampoco se puede improvisar y aunque cuesta mucho construirla es muy fácil destruirla.

Muy fácil destruirla, sí. Y luego lo que sí tienen muy bueno en Alemania es la formación profesional que la hacen muchas veces las propias empresas, como el caso de Euskadi. Y en lo relacionado con la crisis económica, la diferencia entre Alemania y España es radical, allí aumentaron la inversión en ciencia, aquí la redujeron.

 

 

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